sábado 10 de diciembre de 2011

MACABRE RAVE

Dinero y fuego.
Soplan el papel, esta ardiendo.
No es papel, es piel.
Piel que se incrusta en sus muslos.
Dolor,
excitación.
ELLOS,
hablo de ELLOS.
Vestidos con sus trajes,
gimen con sus cuellos rojos,
sudando eufóricos, mirando la noche despejada.
Sienten como las estrellas raspan sus torsos cortando sus camisas.
El viento no logra apagar ese incendio carnal.
Sin motivo estoy en el medio viéndolos danzar.

Viejos rejuvenecidos,
veteranos de la guerra continua,
donde la oferta y la demanda chocan a sus antojos.
Carne humana como ofrenda.
Arrodillados alabando la nada,
símbolo infinito, la hazaña.
Adorar el reservado privilegio del sin obstáculos,
definición conveniente de LIBERTAD.

La sangre cubre la tierra seca sin poder lograr
manchar sus lustrados zapatos.
Cronista del canibalismo, me asusta ser el postre,
o desear envolverme en aquel ritmo marcado por la bolsa de valores.

Festejan el encuentro
descorchando vinos añejos y bebiendo del envase.
Lo primitivo aun aguarda en ellos.

El Sol finalmente los enceguece y es cuando sus asistentes
desarman, corrompen, extorsionan, ocultan y restablecen.
Los llevan a casa y los acomodan en sus camas
junto a sus mujeres.

Sus sonrisas los acompañan con las resacas.
Esconden sus dientes blancos,
sus destellos de locura,
sus miradas lujuriosas,
sus arrugas,
sus canas,
sus manos inmensas aferradas al celular.
Te gritan, tú eres el próximo.
Tú serás mi cena,
te devorare como mi presa y tú te dejaras.

FEDERICO A. AISENBERG

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